Combinando colores, mientras viajo en la ficción de la realidad

Lo que siente la cabeza no se refleja en los espejos

Repaso fotos de Malta y recuerdo el calor que pasé. No me gusta tomar el sol, ni las piscinas, sí que me gusta que los días tengan muchas horas de luz, pero eso es incompatible con el invierno. Los días se hacen más cortos, y si llueve, todo se complica, baja la presión y el estado de ánimo.

Sin embargo, si me miro al espejo y me veo bien. Me da igual parecer vanidosa. Tras tres meses siguiendo una dieta creada y ejecutada por mí, los frutos se evidencian. Mi objetivo final era perder tres kilos más, pero cuando ves la meta tan cercana, te preguntas qué tal vez no estaría de más bajar algo más de peso para poder sentirme más ligera, correr más deprisa y aguantar mejor las clases de ciclo.

Existe un camino intermedio, en este caso, sí, a veces me cuesta mucho verlos. Puedo aumentar algo mi consumo de calorías sin llegar al nivel de mantemiento aún y así conseguir bajar algún kilo más de una manera más lenta. Mi cuerpo no lo puedo cambiar y creo que por fin, sé cómo resaltar lo positivo y matizar lo que menos me gusta.

Es la fase en la que la gente que no te ve hace tiempo, te dice que se te nota mucho la pérdida de peso, sobre todo en la cara… Es bueno, supongo, me sirve para explicar mi método que tan buenos resultados me está dando. Me siento orgullosa de haberlo planificado, llevado a cabo y de comprobar que funciona. Es el momento en que la ropa te queda mejor o te queda grande, que recuperas prendas del fondo del armario y las cremalleras suben, los botones se pueden abrochar… hasta unos minishorts que pensé que jamás me podría volver a poner encajan de nuevo en mi culo. Sí, soy presumida, pero también pienso en la salud. Los marcadores de índice de masa corporal, de índice de grasa corporal o el porcentaje cintura-cadera tienen unos valores normales y mantenerse dentro de ellos, es estupendo.

Es curioso sentirse desanimada, pero mirarse al espejo y verse en forma y dispuesta a enfrentarse a miedos y retos. Es una ambivalencia tan real: lo que siente la cabeza no se refleja en los espejos.

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