Combinando colores, mientras viajo en la ficción de la realidad

¡Viajar es vivir!

La percepción de los lugares varía enormemente según el estado de ánimo en el que te encuentres antes de ir a ese enclave o hacer ese viaje. Descartando que pueda llegar a hacer la maleta con mucha antelación -eso sí, mi máxima es llevar lo imprescindible para no facturar-, uno de los trabajos previos que me “exijo” antes de salir de casa es estar lo más relajada posible y dejarme las preocupaciones banales para la vuelta.

Relativizar los contratiempos que se puedan producir o intentar no evitar mirar el reloj siempre que sea posible o ni siquiera llevar uno, son dos consejos que hacen que las posibilidades de que vuelvas de un destino con buen sabor de boca sean mayores.

Si no te gusta estar rodeado de una muchedumbre, tienes dos opciones: elegir lugares que no estén masificados -difícil en un mundo globalizado, pero posible- o bien, salir del calendario turístico habitual y viajar en temporada baja -además, te saldrá más barato-. Es posible que entonces, el tiempo no te acompañe, pero siempre se pueden escoger meses en los que el clima sigue siendo “agradable”, incluso en destinos “fríos”.

Planificarlo todo hasta el último detalle, seguramente te generará frustración porque difícilmente esa agenda se podrá cumplir. ¿El motivo?, no existe uno solo, sino muchos que se escaparán de tu control. Sin embargo, tampoco es aconsejable marcharse de viaje e improvisarlo todo, sin tener claros unos objetivos básicos, así no aprovecharás lo que el lugar te puede ofrecer. Evidentemente, yo os recomiendo que llevéis una guía que os sirva para conocer qué es lo imprescindible del enclave donde os halléis.

En mi opinión, existen dos tipos de viajes: los de vacaciones sin más, es decir cuando te marchas para desconectar, comer, descansar, ir a la playa, pasear por la montaña, disfrutar de salidas nocturnas… Unos días sin sobresaltos en los que te levantarás muy tarde y acabarás yendo a ver algún museo o monumento “obligado”. Mi concepto de viaje no es ese. Comenzando por el final, siempre regreso a casa muy cansada y me gusta aprovechar al máximo lo que me puede ofrecer el destino. Así que me levanto pronto, camino todo lo que haya que caminar, subo los escalones que haya que subir, desciendo a playas desiertas, y a las últimas fotos del día siempre les falta luz.

Me gustaron la mayoría de los ciudades y países que he visitado, cierto es que no los elegí al azar, pero en mi memoria siempre habrá un lugar especial para los pueblos perdidos de Escocia, Gales o Irlanda, me imagino viviendo en una casa en un valle perdido donde el tiempo parece que se detuvo hace mucho. ¡Viajar es vivir!

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