Combinando colores, mientras viajo en la ficción de la realidad

Gran Hermano 15 sigue buscando espectáculo a costa de los animales

Voy a intentar que este post no sea caótico porque tengo varias ideas en la cabeza. Quiero comenzar hablando de la inclusión una vez más de animales en la casa de Gran Hermano, en la decimoquinta edición que se quiere diferenciar de las demás porque se concursa en compañía. Por eso, cuando al cásting les llegó un chico, de 18 años, cuya acompañante era una cabra, de dos años, les vino como anillo al dedo.

Así que ahora, la cabra, llamada Rubia, está encerrada en un ambiente que no es en el que debería estar -no es agradable ver como la pintan los labios y la visten con ropa, ridiculizándola, evidentemente ella no se llevó los tartazos que sí recibieron el resto de concursantes que están allí por voluntad propia, eso ya hubiera sido peligroso desde el punto de vista legal, que es lo único que les importa-. Como comentaba en Twitter hace unos días esto ocurre porque no se prohíbe el uso de animales en televisión, ya que tras 15 ediciones, sus responsables no solo no reflexionan sobre este hecho, sino que siguen buscando nuevas fórmulas en las que implicar a animales. La máxima es todo vale si está permitido porque no les va a caer una denuncia donde les pidan una millonada. La ética no entra en el grupo de conceptos que se maneja en este formato.

Cuando Mercedes Milá entró en la casa para dormir una noche con los concursantes, también lo tenía que hacer en compañía y en vez de llevarse un muñeco, al director de su programa o a su amiga María Teresa Campos, entró con una gallina que no pintaba nada allí. El domingo pasado llegaron dos personajes de “La que se avecina”, uno de ellos el famoso Antonio Recio llevaba un pulpo muerto que estuvo durante toda la gala encima de la cabeza de uno de los concursantes por mandato del súper.

Por supuesto, la cabra crea tensiones, el otro día Mayca, se enfadaba con ella porque había bebido de un vaso y no entraba en razón cuando sus compañeros le decían que lo lavaban y punto y que Rubia también pasaba controles médicos. Muy digna, exclamaba: “La cabra es una cabra y yo soy una persona” y con este argumento, ¿qué quiere decir que ella vale más que Rubia por ser de otra especie? “Hay personas que quieren a los animales como personas, pero yo lo siento. Los animales son los animales y las personas son las personas, aunque tú los quieras mucho”, explicaba y aprovechaba para atacar a otro concursante que matizaba que él no los quiere, los respeta.

Para finalizar, recordar que en el cásting han elegido a un torero y a un apoderado. Este utiliza el argumento tan manido de que los toreros quieren a los animales… Un rollo que hemos escuchado una y otra vez. Para contrarrestar a estos ha entrado una chica que está en contra del maltrato animal, firmemente antitaurina, pero con unos argumentos peligrosos. A sus compañeros les contaba que hay que tener en cuenta la vida que ha llevado un animal hasta su muerte y que no es lo mismo uno que haya vivido “feliz” que otro que no. Esto se llama bienestarismo y es lo que impulsa el negocio de la ganadería ecológica y similares. ¿No se presentó al casting una persona vegana, de verdad no como Celia en MasterChef, que pudiera haber explicado lo que es el respeto al resto de especies y los conceptos básicos en los que se sostiene el animalismo?

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