Combinando colores, mientras viajo en la ficción de la realidad

Dallas Buyers Club y el negocio de la industria farmacéutica

Esta tarde he estado viendo Dallas Buyers Club y mi intención con este post no es hacer una crítica a la película como tal, aunque, os daré en versión telegráfica unas cuantas ideas en base a su calidad. Eso sí, os puedo adelantar que haciendo un balance de todo lo siguiente y añadiendo el tema que trata y el contexto social e histórico en el que se encuadra, a mí me ha merecido la pena ir a verla.

Las interpretaciones de Matthew McConaughey y Jared Leto resultan sobresalientes -sí, dignas de la multitud de premios, entre ellos el Oscar, que han cosechado; su calidad es la de un telefilm -costó cinco millones de dólares- donde no se observa nada notable ni sobresaliente por parte de su director -que simplemente se encarga de contar la historia como si se tratará de una película para televisión- y existen algunas cosas que no quedan demasiado claras y otras para las que sobran palabras y faltan gestos -en lo que se vuelve a notar una falta de personalidad por parte de quien la dirige (todo lo opuesto a otras películas que os he comentado en este blog como “Blue Jasmine”; “A propósito de Lewyn Davis” o “Amor”).

La película se sitúa en Dallas (Texas) en 1985 cuando el SIDA comienza a hacer estragos entre muchas personas y se comienzan a probar medicamentos para frenar el deterioro del sistema inmunológico y poder luchar contra las enfermedades secundarias que aparecen y que eran y son las que acababan matando a los portadores del VIH.

Retrata los primeros ensayos en humanos con el AZT (Azidotimidina) que fue el primer medicamento antirretroviral, aprobado -en 1987- e indicado para personas infectadas con el VIH por su efecto retardador de la extensión de la infección. La historia se centra en Ron Woodroof, un cowboy y electricista con muchos defectos y pocas virtudes, que se convierte en un emprendedor cuando descubre que padece SIDA.

Entonces, se documenta y se las ingenia para sacar adelante un club donde sus socios consiguen proteínas, vitaminas, minerales, aloe vera y otros medicamentos que resultan mucho menos tóxicos que el AZT y que les alargan su esperanza de vida. Sin embargo, en la FDA (el organismo que regula en Estados Unidos la aprobación de medicamentos y alimentos para la administración a humanos) le hacen la vida imposible porque cuestiona los chanchullos entre esta organización y los laboratorios farmacéuticos.

Este tema ya nos lo mostró Jordi Évole en Salvados con “Sobremedicados”, en relación a lo que sucede en España y me dejó bastante impresionada. Existen muchos incentivos para que los médicos receten unos medicamentos y no otros y sobre todo, me dejó perpleja que en España se comercializaran algunos que no habían sido todavía aprobados en Francia o Alemania -os hablaba de esto en un post que se llama “Ni medicamentos ni médicos”. Tras esta larga reflexión, creo que en esto como en todo debemos limpiar las telarañas de nuestro pensamiento crítico y utilizarlo.

Foto | Anne Marie Fox / Focus Features

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2 Responses to “Dallas Buyers Club y el negocio de la industria farmacéutica”

  1. Ana

    Yo la vi hace poco y me gustó, hay ciertas escenas que me parecieron un poco absurdas, pero por lo demás está bastante bien, además trata de un tema bastante interesante (para mi gusto…) y las actuaciones son impresionantes.
    Un saludo! 🙂

    Responder

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