Combinando colores, mientras viajo en la ficción de la realidad

La inexplicable sensación de pertenencia a un grupo

Lo que seguís mi blog, ya sabéis que intento llevar una vida respetuosa con el resto de animales, por ello soy vegana. También sabéis que me desvivo por muchos de ellos, más lejanos o cercanos y intento que los que conviven conmigo sean los más felices que puedan con la mayor tranquilidad posible. Los que os identificáis con estas ideas, sabéis que hay que ser muy fuerte, no para dejar de comer productos de origen animal ni para dar todo por los gatos, perros… que conviven con vosotros, sino para resistir los mensajes que nos envía la masa social.

Incluso cuando no te critican a la cara o cuando se esfuerzan en entender lo que haces, existen muchas situaciones en las que me he sentido fuera de juego porque no formaba parte del lugar donde estaba y no es cuestión de aprecio porque te lo pueden tener, incluso reconocer que eres una persona estupenda. Sin embargo, falta algo esencial la empatía hacia la vida que has elegido llevar y por consiguiente, hacia todos los animales. Esto hace que, a pesar del afecto que tienes hacia muchas personas, la pertenencia a su grupo sea imposible.

Ese enorme grupo se centra básicamente en satisfacer sus necesidades y llevar una existencia lo más feliz posible, eso sí mirando de frente hacia donde les dirigen, pero evitando prestar más de unos segundos de atención a lo que les llega por los laterales -a eso que les puede hacer perder su comodidad “social”.

Es cierto que la mayoría de los que os identifiquéis con estas palabras, habéis formado parte de este grupo plenamente y que resulta casi imposible salir al cien por cien. Sería una locura no poder interaccionar con nadie, excepto con los que tienen unos estándares éticos similares a los tuyos.

Pero existen momentos, como este sábado, 14 de septiembre, en que miles de personas confluyen en el tiempo, en un lugar y con una idea común: la lucha contra el maltrato animal, identificado en este caso con el terrible festejo del Toro de la Vega. Unas horas en las que sientes la inexplicable sensación de pertenencia a un grupo. Esa que te hace sentirte entendido, feliz y que finalmente, tira los escudos que utilizamos cada día, y no puedes evitar sentir una emoción que te embarga y te recarga para seguir adelante con tus sólidas convicciones.

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