Combinando colores, mientras viajo en la ficción de la realidad

Cuando no puedes olvidarte de la báscula

Hace unos días os comenté que había hecho mi primera dieta con unos ocho años, evidentemente nací con un metabolismo bastante lento y los problemas de peso me han acechado y lo seguirán haciendo siempre. A esto se unió que durante mi infancia me sentía y era más madura de lo que marcaba mi edad y mis intereses eran distintos a los que debía tener según mi fecha de nacimiento.

Así me vi con ocho años en una tienda de productos dietéticos comprando unas cuantas cosas y funcionó, pero evidentemente cuando dejé de controlar lo que comía volvía a coger peso. Ahora sé que hacer dieta cuando estás creciendo, es algo que se tiene que medir muy bien y en ningún caso ha de ser estricta. Pero entonces, lo desconocía y en mi casa tenía a una madre obsesionada por el mismo tema, al igual que mi abuela materna.

No las quiero culpar de nada, pero las básculas y los kilos se convirtieron en un martirio para mí. Además mi relación con la comida no era la que debería ser, puesto que no comía para cubrir unas necesidades fisiológicas, es decir para dar combustible a mi organismo, sino para sacíar el vacío que dejaba en mi interior cualquier contratiempo.

Evidentemente llegó la adolescencia y todo empeoró porque en esta etapa la exaltación de la imagen está tan presente que al final te acaba atrapando. Sientes un sentimiento de frustración inmenso al no entrar en los cánones y estereotipos que los medios y la sociedad te muestra. En ese periodo tuve problemas que podían haber sido mucho más graves, pero que pude parar a tiempo, utilizando mi disciplina. Esa que a veces me hace ser una buscadora de perfección insoportable, me ayudó en esto y en otras muchas cosas durante ese periodo.

Después en la universidad, tuve varias etapas y mi peso osciló en ellas de una forma evidente por motivos psicológicos. Sin embargo, cuando dejé de comer carne y pescado, aunque no comía gran cantidad, caí en el error de sustituirlos por queso y otros lácteos, de un modo inconsciente. Un error común en los vegetarianos que a algunos les hace engordar y ese fue mi caso.

Más tarde llegó mi cambio a un estilo de vida vegano y una nueva dieta que nada tenía que ver con ser vegana, sino con quitarme unos kilos y funcionó, como lo han hecho todas a lo largo de los años. Yo no pondré la excusa de que no pierdo peso aún siguiendo un plan de comidas. Lo que sí hizo el veganismo es ayudarme a descubrir nuevos vegetales y me interesé por su vertiente más saludable.

Algo tarde descubrí que el control del peso se basaba en comer equilibradamente siempre, con disciplina y constancia y que era un plan de vida. También hace tres años comencé a ir al gimnasio unas cuatro veces en semana, primero hice clases de intensidad más floja para subir el nivel y hacer las más duras como en este momento.

El gimnasio me ayuda mucho a liberar mi mente de preocupaciones y por ende, esto hace que no llegue a casa y me dé un atracón de comida al sentirme triste, con ira o frustrada porque las cosas no han salido como quería. Además, cambió mi cuerpo, he desarrollado músculo y fortalecido los glúteos y los muslos, además de la cara interna de los brazos, partes muy conflictivas para la mujeres.

No os voy a mentir, sé que pongo mucho de mi parte para estar bien, siempre podría ajustar más lo que como, pero hay días que me veo bien y otros que no me puedo mirar al espejo. Mi constitución ósea no ayuda a que mis progresos se vean tanto como en otras personas, pero puedo certificar que estoy fuerte y he conseguido controlar “mi cuerpo”. En casa no tengo báscula, no me interesa saber lo que peso, que probablemente sea mucho por el músculo, pero sí que estoy muy pendiente de los cambios que noto en la ropa.

La conclusión de esta larga historia es que cada uno tenemos un cuerpo que debemos conocer, respetar y alimentar tanto con comida como con actividad física y con pensamientos positivos. Es una actividad constante, del día a día, que es la que nos permite sentirnos bien y llegar a aceptarnos tal y como somos con nuestras virtudes y defectos.

Anuncios

5 Responses to “Cuando no puedes olvidarte de la báscula”

  1. Ya está aquí 2014 | Elisa Blanco Barba

    […] No he hecho ningún listado y después de dejar claro que necesito trabajar en la paciencia… Se me ocurren muchas cosas triviales que podría mejorar. Quizás elimine los azúcares de mi alimentación… Controlo lo que como evidentemente, pero hace tiempo que no hago una dieta como tal, lo que se podría decir que es un hito en mi vida, pues estas forman parte de ella desde que tenía ocho años. […]

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Basic HTML is allowed. Your email address will not be published.

Subscribe to this comment feed via RSS

A %d blogueros les gusta esto: